29.4.09

Democracia representativa.

Gracias a una oportuna entrada publicada por una cofrade a quien recién leo, me he enterado de que, mientras la gente huye despavorida a causa de la epidemia, o se dedica a elaborar cada vez más complicadas teorías de la conspiración a propósito de lo mismo, nuestros eficientísimos legisladores -una vez más, es ironía- han aprobado un par de leyes que estaban en la congeladora y que, de momento, les ha parecido oportuno discutir y, en su caso, aprobar. La primera se relaciona con la creación de lo que será la nueva Policía Federal, en tanto la segunda tiene que ver con el narcomenudeo y el consumo de drogas.

Antes de comenzar con este breve examen, creo pertinente indicar algo que se escapa a muchos de quienes han analizado las acciones del legislativo: el que las leyes pasen ahora, justo en medio de la epidemia, tiene poco que ver con un manejo sucio, dada la escasa atención que reciben -lo cual es el nuevo argumento conspiracionista-, y mucho con la tradicional apatía de nuestros diputados y senadores, quienes holgazanean lindamente la mayor parte del tiempo que dura un periodo ordinario de sesiones -escasos tres meses-, y terminan por sacar la ley en los últimos días, sólo para que la población no diga que cobran sueldos estratosféricos por no hacer nada. De esta manera, incluso antes de que se declarara la contingencia sanitaria, era posible ver cómo los quinientos zoquetes de San Lázaro y los ciento veintiocho torpes de Xicoténcatl -en caso de que todos asistieran, claro está- se apresuraban a dictaminar, pasar y votar leyes a un ritmo increíble que, si fuera constante, haría que este país tuviera una legislación aún más gorda que la que actualmente posee.

Salvado el primer obstáculo para determinar que las leyes trabajadas no forman parte de una gran conspiración, y que no se desenvuelven en un ambiente oscuro, al amparo de la distracción creada por el virus porcino, vale la pena echar una mirada a las disposiciones emitidas para ver que tampoco son cosa del otro mundo, ni siquiera son propuestas nuevas que se saquen de alguna mágica manga para fastidiar a los espantados mexicanos. Por el contrario, la ley de la Policía Federal se cocina desde que se pensó elminar a la AFI -o sea, desde hace dos años, cuando menos-, mientras que la ley del narcomenudeo ha estado moviéndose en la arena política más o menos desde hace también un par de años; sin embargo, ambas han cobrado importancia en los últimos meses, de nueva cuenta, no por ninguna conspiración tramada por los legisladores sino, simplemente, porque se acaba el periodo ordinario y, por supuesto, se acercan las elecciones, y todo mundo quiere presumirle algo a sus potenciales electores.

El contenido de ambas leyes, aunque polémico, era de esperarse: por una parte, se faculta a la nueva policía para actuar alla maniera gringa y meter agentes encubiertos, compradores falsos, intervenir teléfonos, y demás ingeniosas ocurrencias que en las series policiacas dan excelentes resultados -¿o no, Jack Bauer?-, pero que en la vida real han probado ser tan inútiles como si las operaran Torrente o Philip Marlowe. El caso es que las tareas de inteligencia, dejadas a policías sin la misma, parecerían un cuento absurdo, una simple mascarada para decir "estamos haciendo algo", y dan una excelente oportunidad a los apólogos del crimen disfrazados de defensores de los derechos humanos para decir "fuera el ejército", aun cuando es el único que algo ha podido hacer contra el narco. Lógico, existe el miedo de que los polis encubiertos se dediquen a extorsionar, a cometer crímenes ellos mismos, o simplemente a tirar la flojera por ahí; no obstante, lo mismo pasa ahora que están uniformados, ¿no es cierto? Entonces, ¿a qué viene la alarma?

La segunda ley invoucra, con mucho, mayores problemas. Hace aproximadamente dos semanas, al aparecer el primer borrador de la ley contra el narcomenudeo, los senadores y diputados perredés -junto con esa horda de zopencos agrupada en el PSD- brincaron todos a una voz para exigir que se cambiara, y amenazaron con no votar cualquier ley que criminalizara el consumo. Entre paréntesis diré que, en mi opinión, tal sería el mejor medio para darle en la chapa al narco porque, si le caen veinte años al primer hijo de Jah o chaval de la pseudo izquierda que se sorprenda fumando inocentemente un toque, seguro que la práctica disminuye. Sin embargo, los perredés dijeron "no" -seguramente porque bien saben de lo que hablan, e incluso Pablito Gómez pareció revelar hoy que no le hace ascos al pastito vacilador, dado el convencimiento con que apuntó el modo en que la marihuana se encuentra en los paquetitos que sirven para venderla- y la ley se regresó a comisiones. Total, el cambio redundó en que se aprobaran las dosis máximas para el consumidor, se establecieran los mecanismos no punitivos, sino de orientación y rehabilitación, y todos contentos. El problema aparece cuando se piensa que tal ley pudiera ser contraproducente en la lucha sin cuartel que se entable contra el narco, pero eso parece no importar a los señores del  Senado. 

Lo anterior me lleva a preguntar: si estamos en una democracia representativa, ¿por qué demonios siento que esos diputados y esos senadores no me representan a mí? Yo no hubiera votado por esa ley absurda de la policía federal, ni tampoco por la del narcomenudeo; es más, por mí, que el ejército se líe limpiamente a plomazos con los narcos y que metan al tambo a los consumidores de porquerías. Y, en esto, creo que no soy el único que piensa así, por lo que me vuelvo a preguntar, ¿a quién representan estos sujetos? De cuando en cuando, cada vez con mayor asiduidad, aparece un personaje de un partido en la tele para decir "por ti, hacemos...", y recita una sarta de sandeces digna de mejor estulto. Sin embargo, no creo que por mí lo hagan; para abreviar, no creo que legalizar la posesión de drogas sea la solución, ni que acabe con el narco, ni que funcione de algo. ¿En qué momento los diputados consultarán a sus votantes las decisiones que toman? Lo ignoro. Es más, no sé quién sea mi diputado federal -el local sí, y es un imbécil a quien tarde se le hizo para dejar botado el changarro e ir por otro-, ni me consta que haya venido a preguntar qué queríamos, qué nos hacía falta, qué nos gustaría que hiciera. Sospecho que el tío ha de ser mentalista porque, desde su curul, o desde la línea que le tiran el Peje y los archimandritas del perredismo, adivinó qué queríamos. Claro que le falló, y todo lo que se necesitaba no fue ni siquiera considerado pero, bueno, fallitas técnicas las tiene cualquiera.

Lo último por decir es que, según indica lo recién anotado, los cuerpos legislativos en este país sobran. No sólo les sobra gente -quinientos diputados holgazanes es un mar de holgazanes-, sino que el cuerpo mismo, mientras no se acerque a la gente, sobra. ¿Cuál es su problema? La omnipotencia que les reviste, la cual les hace creer que saben cuáles son los problemas del país -más allá de lo que opinen los ciudadanos- y proceden a resolverlos por sí solos. Sin embargo, mis nada estimados legisladores, sépanselo bien: la ley, por sí misma, no crea cultura, y menos si no se tienen los mecanismos de aplicación necesarios. Ahí está esa ley -sexista y discriminadora- que prohíbe la violencia contra las mujeres. Un momento: ¿qué, acaso, no está prohibida la violencia contra cualquier ser humano? Entonces, ¿para qué redundar? Termina todo por sonar como "se prohíbe pegarle a los seres humanos, a las mujeres y a los indígenas." Lindo, sin duda. Más allá de esta tontería, ¿quién hace cumplir esta ley? ¿La cultura es modificable por ley? La violencia seguirá existiendo mientras los patrones educativos -que inician en la casa, no en la escuela- no se transformen, mientras las mismas mujeres no dejen de criar machines en sus casas, y los padres no asuman un rol de mayor responsabilidad en el mismo tenor. Sólo así, no con leyecitas ridículas.

Como conclusión: los diputaRAdos no sirven; entonces, ¿para qué votar este 5 de julio? Honestamente, la respuesta escapa a mis alcances. Me queda sólo pensar que, si los ciudadanos conscientes y pensantes nos abstenemos de votar por X o Z, que tal vez no sean tan malos, las masas de acarreados, el voto duro sin cerebro, ése sí irá a las urnas, y le dará mayor poder a quien, tal vez, nos fastidiará aún más. Salvo este argumento, no se me ocurre ningún otro. Juzguen ustedes y, si algo se les ocurre, no tarden en comentármelo, por favor.

2 comentarios:

Regoleta dijo...

He de confesar que estas teorias conspiratorias las adopto porque son más tranquilizadoras que aceptar que esta enfermedad está tan fea como dicen. Así "todo esto" se vuelve algo enfrentable.
Me conecté para buscar información de la peste (porque estoy haciendo una lectura de la misma) y me topé con noticias en donde comparan la influenza con la peste de antaño [pura paranoia] ... y de paso me vine a checar tu blog :D

Sobre lo que comentas... sah, es [muy] probable que estén corriendo para terminar su periodo con un poco de tarea hecha, pero todas esas leyes que aprueban son medidas "importantes" que están siendo ignoradas por la gente gracias a lo de la influenza. Ya sabía que estas leyes se venían cocinando desde hace mucho, pero qué cosas que apenas ahora las vengan a aprobar y la gente no esté enterada.

Lo de la legalización de las drogas e s una contradicción increible con lo que dicen, hacen y dicen que hacen. En eso, creo que tú y yo no tenemos [casi] ninguna diferencia de opinión. Es una estupidez, una sucia artimaña política de proselitismo barato, una ley mal pensada... es una pendejada.

Mi alarma (y supongo que la de muchos más) por lo de la "nueva policía" es que cada vez les dejan el camino más abierto para sus fechorías.

Y por último, sobre lo de la democracia, ¡puf!... es un lío. Es que ¿sabes? no pueden estar preguntándonos a cada rato si estamos de acuerdo con el paso que van a dar en su puesto. Por eso se supone que los elegimos, porque, en teoría, ellos y "nosotros" compartimos "ideologías" y entonces ellos nos representan, como personajes sacados de una colectividad homogenea (estas palabras estan tan jodidas, tan trilladas, que ya han perdido significado). Por eso se supone que los partidos tienen ya proyectos e ideologías establecidas para que nosotros votemos por partidos y no por individuos. Y por eso se supone que la democracia es el sistema político perfecto, porque si bien no representan a "todos" si a la "mayoría" (aunque, tristemente, 50.0001% ya es mayoría)... y todo esto se basa en suposiciones mafufas que jamás se llevan a la práctica.

Estoy totalmente de acuerdo contigo en cuanto a que las leyes por sí mismas no sirven. Lo malo es que se sigue creyendo que porque se ponga tal o cual ley las cosas van a cambiar, pero si no hay una cultura de respeto a las leyes ¿de qué sirve? y lo peor es que no es ningún secreto, todos reconocen, a veces con un toque de cinismo, que los mexicanos nos brincamos las leyes...

Eso de abstenerme de votar lo he pensado seriamente desde hace tiempo. Pero todos los partidos apestan (o los que yo creo que no apestan tanto institucionalmente, lo hacen con sus ideologías, que no comparto). Nos quieren hacer elegir entre pura mugre. Para mi [mala, buena, regular] suerte, me llamaron para ser funcionaria de casilla y el lunes fui a que me capacitaran. El señor que lo hizo hasta le brillaban los ojitos cuando decía "democracia". Pero, ayer justamente, pensaba en que si me vuelven a llamar decirles que no cuenten conmigo como forma de protesta (claro, ¿a quién le importa?)... aunque, por otro lado, es una buena oportunidad para ver de cerca estos mecanismos tan sonados del IFE.. no lo sé aún...

Y, por último (menos mal), sobre lo del FMI no tenía mis certezas al lanzar la acusación. De hecho de economía no entiendo mucho. Pero lo de la doctrina del shock se me hace algo muy viable, por mucho que la tomen de estandarte los egocéntricos politiqueros. Y ya, me llaman para comer.

¡Saludos!

[Me arrancaste una buena carcajada con la ley contra la violencia de seres humanos, mujeres e indígenas]

Alfredo R. I. dijo...

Como coincidimos en la mayoría de lo apuntado, sólo te contestaría el comentario en la parte del IFE: sinceramente, yo esbocé un plan en el que, si me tocaba ser funcionario de casilla, los iba a mandar directo al cuerno con un argumento contundente: señores, no voy en protesta por su dispendioso funcionamiento, porque me opongo a que opere de forma permanente una institución que sólo se supone que debe hacerlo, cuando más, medio año cada tres, y porque odio que se gasten mis impuestos en propaganda televisiva, donde aparecen dos o tres comerciales de ustedes por cada uno que hay de un partido. Así, ¡al carajo!

Tal iba a ser mi argumento. Sin embargo, como no me eligieron, no lo pude aplicar, lo cual no quita que siga pensando lo mismo. Si tú te niegas a ir, no te culparía; es más, lo aplaudiría.

Gracias por la lectura y el comentario, seguiremos en contacto por estos medios virtuales.

Saludos.